jueves, 26 de septiembre de 2013

El camino de la fotografía

La fotografía es cautivante. Dispara directo sobre las emociones. Si hay talento, si un fotógrafo es  bueno, cuenta historias, narra sin palabras y muchas veces sugiere reflexiones.
Causa un efecto de impacto en nosotros. Sin que importe el campo al que se dedique, ya sea documental, informativo o creativo, nos comunica su percepción valiosa, íntima y única. Un buen fotógrafo estimula con su estilo, una imaginación con sello propio  y una habilidad increíble de convertir algo rutinario en una imagen llena de significado.

Seguramente quien se siente atraído por la fotografía y ha lanzado más de un disparo queda hechizado con las miles de posibilidades de expresión  que ofrece una cámara. Con poder transmitir su propia visión de las cosas.
Aunque sacar buenas fotos no es una tarea fácil. Es un camino de conocimiento técnico que requiere disciplina en los primeros pasos. Y un largo, larguísimo trecho a recorrer hasta encontrar nuestra propia voz en un lenguaje fotográfico original y honesto.

Al principio, entender cómo funciona parece tan difícil que llegué a preguntarme por qué diablos me metía en camisas de once varas, si no lograba retener el concepto más básico. Mi objeto a fotografiar envejecía mientras yo intentaba disparar, en modo manual y en medio de un lío entre velocidad y apertura.
Me frustraba tanto, que llegué a sentirme con una capacidad de aprendizaje técnica por debajo de la media. Pero al final de cuentas, estaba decidida a aprender aunque fuera lo elemental. Contaba con una cámara en casa y con el privilegio de haber estado en retrospectivas admirables como la de Margaret Bourke-White en el Castello Sforzesco, en Milán y la del genio berlinés, Ulrich Görlich. Dos muestras que me habían  creado unas ganas inmensas de sentir una cámara en las manos y tocado el corazón.

Ayer salí temprano del trabajo y me vine volando a casa, a probar un nuevo lente traído por María de NY.
A seguir con prácticas y más prácticas, en la búsqueda de mi propio lenguaje.
Desde el desayuno tenía ganas de crear un mosaico con los valores simples de las cosas cotidianas. Elementos naturales y de primera necesidad de un día cualquiera. Y en  buena compañía.
Durante mi ejercicio de aficionada con  lente nuevo, noté que mis colores preferidos se habían combinado. Azules, grises, blancos y  tostados, en perfecta armonía con mi entorno y mi propósito.

Como dice Andreas Feininger, en su libro que convertí en mi Biblia "La nueva técnica fotográfica": "poco importa que técnicamente sea imperfecta, si la atmósfera es auténtica ".

Las historias son nuestras. Sin imitaciones de nada ni nadie y es bueno mostrarlas. Pueden contribuir a algo, ponernos en acción, animarnos a más o generarnos una emoción linda. Como el día sencillo de ayer. Esta vez fueron mis colores los que salieron a mi encuentro. Aleccionadores y estimulantes.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Patricia,

Hace tanto que no entro a ver mis blogs preferidos que no sabía que tenías nueva web (ya lo tengo actualizado). Te escribo para contarte que estoy en los primeros pasos de fotografía y no podes, como siempre, haberlo expresado mejor.
Tus palabras me amigan con la idea de seguir luchando con mi cámara nueva.

Saludos!
Analia